La Hojalata

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EL ESTAÑADO

Los aceros para envases necesitan una preparación complementaria. Para proteger al metal de la oxidación, verdadero enemigo del hierro, la lámina se recubre de una capa muy fina de estaño, con propiedades anticorrosivas. Tenemos entonces la hojalata. Según los usos, el revestimiento anticorrosivo también puede ser de zinc (automóviles, electrodomésticos) o de aluminio (piscinas, depósitos catalíticos…).

El hombre primitivo conoció y utilizó el estaño antes que el hierro, aunque éste último haya tenido después un mayor protagonismo en la historia del progreso industrial. El uso tan temprano del estaño se debió probablemente a que necesita menos calor para fundirse y, por tanto, se obtuvo más facilmente.

El estaño aparece citado en la Biblia. La Edad del Bronce (aleación de cobre y estaño) se sitúa en unos 3.500 años a.C. y fue el prólogo de la Edad del Hierro. El comportamiento de este metal ante la oxidación es muy noble y su estabilidad en el tiempo es similar a la del oro y la plata. A lo largo de la Historia, el estaño ha demostrado con creces su magnífico comportamiento ante la contaminación e incluso frente a los elementos ácidos, cualidades que siguen haciendo de él un elemento indispensable para los envases de conservas.

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HISTORIA DE LA HOJALATA

La hojalata es una lámina muy fina de acero recubierta de una capa microscópica de estaño. El acero proporciona resistencia, dureza y maleabilidad mientras que el estaño asegura la inocuidad del conjunto frente a los elementos con que deberá entrar en contacto. Hoy forma parte de nuestra vida en aspectos muy diversos, pero su invención no es demasiado conocida.

La hojalata aparece por primera vez en la Alemania del siglo XIV y consiste en chapas de hierro superficialmente estañadas. Pese a los inconvenientes de la fabricación manual y a su alto precio, el nuevo producto se convierte pronto en algo muy apreciado. Su elaboración, de hecho, constituía un auténtico secreto industrial. Los ingleses, que exportaban su estaño a Sajonia para luego tener que comprar allí la hojalata, tardaron mucho tiempo en conseguir la fórmula: un espía que recorrió la Sajonia alemana bajo la inocente apariencia de un simple viajero se hizo con ella.
A principios del siglo XVIII, Inglaterra introduce la fabricación masiva de la hojalata por medio de la laminación mecánica de la chapa de hierro. Aunque la tecnología ha experimentado avances muy importantes, la laminación sigue realizándose hoy con el mismo principio.

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LA HOJALATA EN ESPAÑA

En España, la primera fábrica de hojalata se instala, curiosamente, en plena serranía de Ronda, lejos de los puertos y de los yacimientos de hierro, pero con gran abundancia de madera, indispensable por el carbon vegetal que se necesita para fundir el mineral de hierro. Levantada en la villa de Júzcar, cuenta con cerca de 200 obreros y recibe el pomposo nombre de «La nunca vista en España Real Fábrica de Hojas de Lata y sus Adherentes…».

El proceso de estañado se llevaba a cabo en un «cuarto secreto» y este procedimiento fue transmitido por técnicos extranjeros que llegaron a España de manera clandestina, escondidos en barriles según se supo más tarde.

No es hasta finales del siglo XIX, sin embargo, cuando se desarrolla definitivamente una industria hojalatera a gran escala, centrada en el País Vasco. De esta manera se puede dar respuesta a la industria conservera, que necesitaba entre 8.000 y 10.000 toneladas anuales de hojalata para envasar su cada vez más importante producción. La conserva es, precisamente, el detonante del auge de la hojalata en el mundo entero.

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Restos de la primera REAL FÁBRICA DE HOJALATA de España